El carnaval es un periodo en que todo puede pasar, es el momento en que la protesta por medio de la alegría y la desinhibición se hace visible. El carnaval no es un espectáculo para ir a observar, el carnaval invade y nos invita a vivirlo, aquellos que bailan y tocan no son los protagonistas, son los maestros de ceremonia de una fiesta que se hace entre todos los presentes. Dos regiones Argentinas llevan el carnaval en la sangre y lo festejan de maneras muy distintas: el Litoral y el Noroeste Argentino. También en algunos barrios porteños, las comparsas recorren largas avenidas.
En el litoral, todo un año de trabajo de las distintas comparsas se presenta en unos días en que cada miembro deja todo de sí. Alegría, color, ritmo y belleza convierten al corsódromo y las calles en una fiesta que parece no terminar nunca.
En la provincia de Entre Ríos, el carnaval encuentra sus manifestaciones en Gualeguaychú, donde se lleva a cabo el Carnaval del País con un corsódromo construido para tal evento y en las localidades de: Gualeguay, Victoria, Concepción del Uruguay, Santa Elena, Concordia, Paraná, Hasenkamp y Chajarí.
En la Capital de Corrientes se festeja la Fiesta Capital Nacional del Carnaval en la cual confluyen las festividades de otras localidades como Paso de los Libres, Monte Caseros con su lujoso Carnaval del Arte realiza una curiosa fusión de ritmos de batucada y candombe; Santo Tomé, Paso de la Patria, La Cruz, Curuzú Cuatiá, Mercedes, Esquina, Goya, Alvear, Bella Vista y Empedrado.
En el Noroeste argentino (NOA) también se celebra el carnaval. Los carnavales norteños duran 8 días con sus comparsas, coloridas máscaras y vestimentas. Los carnavales ocupan uno de los lugares más altos entre las celebraciones populares de la región junto con las fiestas patronales de cada localidad.
Los carnavales son una manifestación popular introducida en América por la conquista española que se fusionó con otras modalidades de festejar la fecundidad de la tierra de los pueblos aborígenes. La influencia de la supervivencia de 7 etnias aborigen permiten la continuidad de este festejo que comienza con la Celebración del Arete o florecimiento del maíz, ocasión que marca el momento de la algarabía y desarrollo del Pim Pim.
En las regiones de La Puna y La Quebrada de Humahuaca, el carnaval es simbolizado por un diablo que se desentierra de forma bulliciosa de una apacheta de piedra o un lugar mágico, brindando y bailando al compás de música de las anatas, erquenchos, sicuris, detrás de las comparsas, por las calles de los pueblos.
Se tiran serpentinas y harina que son parte de este ritual. Luego de este festejo comienza la triste despedida del Carnaval que se manifiesta con el llanto en el momento del entierro del diablo.
En región norte de Salta, zona de la nubo-selva, los hombres jóvenes se pierden en la selva y regresan con máscaras de madera bien elaboradas con las cuales bailarán durante los festejos. La representación del bien y el mal, también tiene lugar en dichas fiestas, disfrazados representan la lucha entre ambos, todo finaliza con la quema de las máscaras elaboradas. En las calles de Tartagal y Orán, los corsos con desfiles de disfraces y comparsas, dan paso al característico Pim-Pim, baile ancestral de las comunidades aborígenes. En Ituya también se realiza este ancestral festejo.
Humahuaca, Tilcara, La Quiaca, Purmamarca y todos los pueblos de Jujuy manifiestan su alegría en el Carnaval y las Fiestas Patronales.
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